Esa pequeña etiqueta colocada en un contenedor de residuos no sabe dónde se encuentra el contenedor, ni cuán lleno está, ni cuánto pesa. Su función es más fundamental: dotar al contenedor de una identidad duradera que pueda registrarse en el momento en que se produzca una recogida, entrega, inspección o incidencia. Cuando esa identificación se combina con un lector RFID, el GPS del vehículo, las señales del elevador o de pesaje y las reglas del sistema central, un momento en la acera puede convertirse en un registro de servicio útil.